Entender lo que sucede en un espacio de trabajo propio, cuidar a los trabajadores y mejorar la condición de los mismos es esencial para los empleadores, gerentes y dueños de empresas. Es por eso que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) diseñó una guía simple para evaluar los distintos riesgos que existen, identificarlos con claridad y ver cómo solucionarlos.

Esta evaluación es importante para proteger el valor fundamental de las compañías: su capital humano y, de paso, de cumplir con las regulaciones propias de cada país. En la mayoría de los casos, los responsables pueden identificar con métodos sencillos y prácticos riesgos potenciales que pueden derivar en problemas reales si no se solucionan a tiempo.

“Una evaluación de riesgos en el lugar de trabajo realizada de manera correcta contribuirá a proteger a los trabajadores mediante la eliminación o reducción de los peligros y riesgos relacionados con el trabajo. Como consecuencia, debería también beneficiar a las empresas gracias a una mejor organización de los métodos de trabajo y a su vez tendría el potencial de incrementar la productividad”, explica el informe. Cabe destacar que esta guía no es un mandamiento único para cubrir estas aristas, sino que representa una guía que tiene por objetivo mejorar la salud de las compañías.

Los pasos

Para generar una evaluación de riesgo, la OIT propone un análisis detallado de los espacios para evitar que las personas queden expuestas a riesgos innecesarios: una pérdida de agua puede derivar en un resbalón y una lesión o una cajonera salida puede ocasionar que la gente tropiece, por lo que hay que realizar un trabajo minucioso buscando estos desperfectos.

Estos son los pasos a seguir:

  1. Identificar los peligros: Los evaluadores determinan de qué forma los trabajadores podrían lesionarse (no se puede hacer nada frente a un peligro no identificado)
  2. Identificar quién puede sufrir los daños y de qué manera: una vez que se hayan detectado las amenazas, hay que ver a quiénes podría afectar. Por ejemplo, un repositor puede sufrir una caída por colocar productos en los estantes más elevados
  3. Evaluar riesgos: el próximo paso consiste en identificar y decidir las medidas de control de riesgos en materia de seguridad y salud. Una vez realizado, hay que encontrar la forma de eliminarlo definitivamente. Si no es posible, evaluar cómo controlar los riesgos para bajar las probabilidades.
  4. Dejar constancia de quién es responsable de la puesta en marcha de cada medida de control y en qué plazos: es sano designar responsables que controlen los riesgos y que se generen las medidas preventivas. En una buena práctica, esto se debería efectuar en el corto plazo a partir de una lista de riesgos y sus soluciones. Además, hay que diagramar un plan de acción a largo plazo con los problemas más complejos.
  5. Registrar los resultados, realizar el seguimiento y revisar la evaluación de riesgos, y actualizarla cuando sea necesario: una vez que se cumplieron las fases anteriores, hay que evaluar que todo el camino fue examinado minuciosamente. Una vez que entra en vigencia, hay que hacer un seguimiento para ver que se estén cumpliendo las metas.

Si estos cinco pasos se cumplen, las compañías pueden reducir notablemente los accidentes de sus trabajadores, generar espacios más atractivos y seguros que inciden directamente en la productividad y felicidad de su personal.