En una sociedad que está en constante movimiento, las cargas psicológicas y emocionales son uno de los principales factores de los trastornos gastrointestinales. Es que, al igual que las máquinas, el cuerpo humano necesita que todas sus piezas trabajen en sintonía para lograr un funcionamiento óptimo.

Asociado con el dolor crónico, la fatiga y la angustia psicológica, los síntomas del tracto gastrointestinal superior e inferior son muy molestos para los pacientes. Y, en gran parte de los casos, hay vulnerabilidades psicológicas que están relacionadas de forma directa.

“Los trastornos de la motilidad han sido implicados en la fisiopatología de la enfermedad gastrointestinal funcional (EGIF) y, a menudo, la depresión y la ansiedad son condiciones comórbidas con la enfermedad intestinal inflamatoria (EII), especialmente cuando la enfermedad es activa”, explica un estudio publicado en Nature Reviews.

Es por eso que las ciencias tienen que trabajar en conjunto para lograr una mejor comprensión del cuerpo humano. Esta conexión permitió el desarrollo y validación de manuales de psicoterapias para el tratamiento de estas dolencias.

Entre algunas de las técnicas se encuentran la hipnoterapia dirigida al intestino, la terapia conductual cognitiva y la psicoterapia interpersonal psicodinámica, que se centran en la rehabilitación de vulnerabilidades psicológicas específicas.

De esta forma, comenzaron a aparecer algunos de los muchos atributos de la psicología positiva que podrían ser estudiados y fortalecidos como parte de la psicogastroenterología, conduciendo a la atención psicológica temprana, efectiva, y a mejores resultados.

Por eso, hay que centrarse en tres factores fundamentales para comprender esto: la resiliencia (como la capacidad de los seres humanos para superar los problemas y adaptarse a las situaciones), el optimismo (como la habilidad de ver las adversidades como algo pasajero y afrontable) y el autocontrol.

En primer lugar, la resiliencia se asocia con el funcionamiento saludable del sistema nervioso central, incluyendo la regulación del sistema nervioso autónomo, la función vagal y el desarrollo cerebral. Aunque todavía no ha sido bien estudiada en gastroenterología, podría servir como una característica protectora para mitigar el inicio y/o el mantenimiento de los síntomas gastrointestinales.

En segundo lugar, aquellos que consideran al optimismo podrán predecir cómo el paciente afrontará la enfermedad adaptativa, si cumplirá el tratamiento o si seguirá las recomendaciones sobre el estilo de vida y se recuperará de los acontecimientos.

Por último, pero no menos importante, el autocontrol aparece como la capacidad de manejar los pensamientos, sentimientos y conductas o impulsos para lograr un objetivo deseado, incluso si el objetivo es distante o abstracto, es otra fuerza humana de importancia para los trastornos gastrointestinales.

Con un funcionamiento que ha demostrado su éxito, los beneficios de las psicoterapias cerebro-intestinales sobre las vulnerabilidades psicológicas bien sustentadas ya fueron establecidas como un camino hacia la comprensión y tratamiento de estos problemas.

De esta forma, la psicogastroenterología se transforma en un campo comprometido —y necesario— que busca la adaptación de los principios psicológicos para mejorar el manejo de las enfermedades digestivas.

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