La enfermedad cardiovascular y el cáncer son causas significativas de mortalidad en el mundo, hecho que se extiende y replica en nuestro País. El cáncer de mama es el tumor más frecuente (se estima que 1 de cada 8 mujeres lo padecen a lo largo de su vida). La incidencia de ambas enfermedades aumenta con la edad y es común que coexistan al momento del diagnóstico. Un importante número de tratamientos para el cáncer de mama son potencialmente cardiotóxicos, pudiendo causar inconvenientes agudos, subagudos o crónicos que impactan en el pronóstico y calidad de vida de las pacientes.

Cabe destacarse que tanto las enfermedades cardiovasculares como el cáncer de mama tienen factores de riesgo comunes. El sobrepeso, el sedentarismo, el tabaquismo y la “dieta occidental” (alta en grasas saturadas, carnes rojas, azúcares y harinas refinadas) son factores de riesgo para ambas enfermedades. El 80% de las enfermedades cardiovasculares podrían ser prevenidas con modificaciones de estos factores de riesgo, lo que también puede tener un impacto sobre la incidencia del cáncer de mama. Es muy importante identificar y controlar estos factores de riesgo en pacientes al momento del diagnóstico.

Como se expuso anteriormente, diferentes tratamientos para el cáncer de mama aumentan el riesgo de cardiotoxicidad y tienen un efecto sumatorio cuando se usan con antraciclinas en combinación, conllevan el riesgo potencial de generar disfunción miocárdica, alteraciones electrocardiográficas, trombosis, mio y pericarditis entre otras alteraciones cardíacas que tienen que ser conocidas, identificadas de forma temprana y tratadas por el cardio-oncólogo.

Aun así, sabemos que la disfunción del ventrículo izquierdo es un evento tardío del daño miocárdico y puede representar un daño irreversible, lo que habla de la necesidad de implementar factores predictivos para identificarlo en estadíos mucho más precoces. El STRAIN, biomarcadores como la troponina I, el péptido natriurético, y la combinación de ambos, son estrategias en desarrollo para este fin. El uso de drogas como el Dexarazosane, poner atención en la dosis acumulada de Antracicinas y la forma en la cual se infunden (en bolo por sobre infusión continua), están centrados en mitigar este daño potencial. Si bien la evidencia es limitada, drogas de uso frecuente para el cardiólogo como los betabloqueantes o los inhibidores del sistema renina angiotensina, las estatinas o la aspirina pueden mitigar el daño si se utilizan en el contexto del tratamiento con drogas cardiotóxicas.

Es importante educar en un estilo de vida saludable y brindar la contención y el control necesarios para este grupo de pacientes. En la práctica habitual esto no es tenido en cuenta, siendo generalmente relegado a un papel secundario. No hay que perder de vista que el éxito de esta estrategia tiene impacto en la calidad de vida y sobrevida de las pacientes durante y después del tratamiento.