La epidemia de obesidad y sobrepeso está en aumento y afecta especialmente a niños, niñas y adolescentes, ya que están expuestos a una amplia oferta de alimentos de alto contenido calórico y bajo valor nutricional en las escuelas. En paralelo, y tal como señala la última Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en Argentina, se han reducido las oportunidades de realizar actividad física y ha aumentado el tiempo dedicado a actividades sedentarias durante los recreos. En un contexto de aumento del sobrepeso y la obesidad infantil como el que transita la Argentina, estos datos son alarmantes y requieren soluciones inmediatas.

En la Argentina, según los últimos datos oficiales disponibles, el 28,6% de los adolescentes tiene sobrepeso y obesidad, mientras que el 10,4% de los niños de 6 meses a 6 años tienen obesidad infantil. A su vez, la obesidad tiende a acentuarse en los grupos de menor nivel socio-económico: un análisis de la Encuesta Mundial de Salud Escolar realizado por la Fundación Interamericana del Corazón – Argentina (FIC) en colaboración con UNICEF mostró que el sobrepeso es 31% más frecuente entre los chicos de nivel socioeconómico más bajo.

La Coalición Nacional para Prevenir la Obesidad en Niños, Niñas y Adolescentes, con el apoyo de UNICEF Argentina y FIC Argentina, lanzó una publicación que brinda una serie de recomendaciones y buenas prácticas para que el Estado promueva políticas de entornos escolares saludables. La promoción de estos entornos, junto a otras políticas como las políticas fiscales, el etiquetado frontal en los alimentos y las restricciones a la publicidad de productos de baja calidad nutricional, conforman un paquete de medidas que los Estados deben implementar para prevenir y controlar la epidemia de obesidad infantil.

En la publicación, las organizaciones plantean una serie de líneas de acción para favorecer la adopción de entornos escolares saludables. Estas estrategias retoman recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud:

  1. Asegurar una oferta exclusiva de alimentos sanos y naturales, tanto en kioscos como en comedores escolares, y eliminar la oferta de alimentos y bebidas altos en azúcar, grasas, grasas saturadas y sal.
  2. Garantizar el acceso al agua potable gratuita (por ejemplo, bebederos y/o dispensers).
  3. Incorporar en la currícula escolar contenidos sobre educación alimentaria y hábitos saludables; clases sobre preparación de alimentos para niños, niñas y adolescentes, padres y cuidadores; y, creación y manejo de huertas escolares.
  4. Fortalecer la educación física en las escuelas brindando recursos físicos y humanos para tal fin.
  5. Asegurar que la escuela sea un espacio libre de publicidad de alimentos y bebidas altos en azúcar, grasas y sal.

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