Por la Lic. Romina Fernández

La reposición de líquidos es importante, tanto para la vida diaria como para los momentos de actividad física. El agua es un nutriente esencial ya que el organismo lo necesita en cantidades superiores a las que puede producir, especialmente bajo intensidad. Por supuesto, no existe una cantidad estandarizada de líquido a beber, sino que las necesidades van a depender del peso corporal de cada persona, y varía en cada etapa de la vida.

En nuestro organismo, el agua cumple varias funciones. Entre ellas, sirve para controlar la temperatura corporal, ayudar al correcto funcionamiento del cerebro, facilitar la digestión, asegurar un buen funcionamiento de los riñones (ayudando a eliminar desechos a través de la orina), como lubricante de la articulaciones y como componente esencial de saliva, lo que favorece la deglución.

Sin embargo, puede pasar que alguien no sea un asiduo bebedor de líquidos. Entonces, si le cuesta tomar agua hay que prestar atención a algunos síntomas particulares que pueden indicar que la persona no está correctamente hidratada. Entre estos se encuentra la piel seca, la sequedad en la boca, una anormal sensación de sed y una tonalidad oscura en la orina.

También hay síntomas más graves que ya alertan de una posible deshidratación: los mareos, vómitos, dolor de cabeza y la confusión son las señales más importantes.

Con las exigencias diarias y la rutina, muchas personas se olvidan de consumir agua. ¿Cómo pueden hacer para mantener una buena hidratación en el día? Un estándar recomendable es consumir de dos a tres litros de agua por día (aproximadamente ocho vasos diarios).

Pero para aquellos que no tienen el hábito se puede comenzar de a poco de la siguiente manera:

  • Un vaso de agua un rato antes de cada comida. Por ejemplo, un vaso al levantarse, uno antes del almuerzo, otro como previa a la merienda y otro antes de cenar. De esta manera, ya se cubre la mitad de la recomendación diaria.
  • Tener una botellita de agua siempre a mano: en la cartera, en el trabajo, en la mochila o en la mesita de luz.

Si te cuesta mucho o (o te olvidás), siempre se pueden poner alarmas en el celular. ¿Te parece mucho? Puede ser, pero esto ayuda a la generación del hábito. Incluso puede ser que, después de un tiempo, termines desprogramando las alarmas.

Por último, aquellos que realicen actividad física no deben olvidar de hidratarse antes, durante y después con pequeñas dosis de agua.

 

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